Timur Sadyq habla sobre peluquería, fabricación de pelucas y la ciudad de Nueva York
Un mundo creado por muchos
Te presentamos a Timur Sadyq, peluquero y fabricante de pelucas de Nueva York, cuyo trabajo se inspira en la observación, la identidad y las personas que dan forma a la ciudad.
Tras dos décadas dedicándose a cortar el pelo, Timur Sadyq sigue describiendo su trabajo como una negociación. «A veces, el pelo no dice nada», afirma. «No consigo entender cómo va a caer el pelo, así que soy muy cauteloso a la hora de cortarlo». Otras veces, el pelo le dice todo lo que necesita saber antes de que el cliente diga una sola palabra. Afirma que siempre mantiene una «conversación con el pelo» y añade que hay una psicología detrás de ello: «No se trata solo de hablar con una persona, sino de sentir su pelo».
Cómo Timur encontró su vocación en el mundo de la peluquería
Llegó al mundo de la peluquería por casualidad, con una historia que gira en torno a su abuela y una postiza trenzada que ella llevaba en su juventud. La encontró, empezó a jugar con ella y se la puso a su abuela para un evento. Ella la usó y le dijo que le había cambiado la vida. Es un recuerdo que durante años no relacionó con su carrera.
En la peluquería, su transición de desempeñar un trabajo a perfeccionar un oficio se produjo de forma gradual y, luego, de golpe. Ocurrió cuando empezó a hacer mechas. «Tenía mucho miedo», recuerda. Ahora siente que podría hacerlo con los ojos cerrados, pero no te preocupes, no lo hace. Su soltura en el oficio no hizo más que aumentar cuando empezó a trabajar en pasarelas y entre bastidores, colaborando con artistas que no contaban con equipos que les respaldaran. «Todo es colaboración», afirma, y no le preocupa que el pelo tenga una fecha de caducidad inherente. Al contrario, intentó tomárselo como la esencia misma del asunto. «Todo en este mundo es efímero», dice. «Se pueden cometer errores», añade. «Solo es pelo. Volverá a crecer».
La ciudad de Nueva York como fuente de reinvención
Ver cómo crece un corte también tiene su propia y silenciosa recompensa. «Veo lo que he creado y en qué se ha convertido», afirma. Y Nueva York le ha transformado de manera similar. Lleva ya una década viviendo en la ciudad, tiempo suficiente para dejar de considerarse un forastero —en su mayor parte—. «Nueva York está formada por gente de todas partes», afirma, y eso es lo que hace que se sienta como una comunidad.
«Nueva York me ha cambiado», afirma. «Puedo reinventarme en cualquier momento», añade. «Nueva York es el mejor lugar para hacerlo». La ciudad también ha transformado su ritmo de vida. «Todo va tan rápido en Nueva York que me ha hecho cambiar mi ritmo», explica, reflexionando sobre su experiencia en la ciudad, y añade que se siente inspirado para trabajar de forma más inteligente, no más dura. Pero también le encanta sentarse, tomarse un café y observar a la gente. «Siento como si el tiempo fluyera a través de mí», dice, y ese hábito le sirve además como fuente de inspiración. Se refiere a la diversidad de Nueva York como «un jardín del que recoger frutos», y cuenta que se siente inspirado por la gente de la ciudad y por su forma de vestir. «Si veo un look de maquillaje o un peinado que me parece chulo en algún sitio de la calle, lo incorporo a mi trabajo», afirma.
El pelo, la identidad y el arte de prestar atención
Lo que ocurre en su sillón, dice, tiene menos que ver con el pelo y más con interpretar un momento de la vida de alguien. Es algo muy psicológico, señala. «Si una clienta fiel que siempre ha llevado el pelo castaño de repente quiere decolorárselo, quiero entender qué está pasando», afirma. «Siempre está pasando algo». Muchos de sus clientes se han convertido en sus amigos. «No creo que haya una versión de mi trabajo en la que no haya empatía», afirma.
Y cuando le preguntas qué significa para él «Un mundo creado por muchos», responde sin rodeos. «El mundo lo crean muchas mentes, muchas manos y personas como tú y como yo», dice. «Una sola persona no puede construir nada, pero muchas mentes y muchas manos pueden crear algo hermoso, algo grande, que perdure en el tiempo e inspire a la gente». Él remonta el origen de sus propias habilidades de la misma manera, a personas a las que nunca menciona formalmente: los peluqueros a los que ayudó en sus inicios, observando cómo sujetaban el cepillo o el secador. O la mujer que le vende café cada mañana. El conductor del metro que le lleva al Soho. Los clientes que, a lo largo de veinte años, le enseñaron tanto como él les enseñó a ellos. «Mi día lo crean muchas personas», afirma. «Muchas manos, muchas mentes».
Descubre la Nueva York que inspira a Timur
Timur encuentra inspiración en todas partes, desde un corte de pelo atrevido que ve de pasada en el metro y la forma en que lleva la chaqueta un ciclista que pasa por su lado, hasta la atmósfera especial que se respira en una esquina de Nueva York al atardecer. Aquí, el estilo no tiene tanto que ver con las tendencias como con las personas que las crean, cada una de las cuales aporta su propio toque personal al aspecto de la ciudad, en constante evolución.
«Un mundo creado por muchos» es nuestra invitación a conocer a los creadores, pensadores y personas con ideas originales cuya curiosidad da forma al día a día de la ciudad.
Conoce a Timur y a los neoyorquinos que están redefiniendo lo que significa crear algo aquí.
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